© canarias7.es«A Enrique Granados le preguntaría cómo sonamos hoy en día como país»
–Aunque sea la primera vez que lo escuchas, en su música hay algo familiar, como si te estuviera contando algo de ti mismo. Hijo de un militar, fue un niño que empezó tardísimo a estudiar música; gracias a un mecenas pudo formarse en París, y de adulto sacó adelante a sus seis hijos con su academia de piano, mientras se hacía un hueco como compositor. En su música no solo suena nuestra memoria como país, suena también el intento de un hombre por crear música, y sudó tinta para lograrlo.
–Basta con escuchar alguna de sus piezas para que te entre la curiosidad por saber quién fue ese hombre. En mi caso, sucedió cuando escuché por primera vez su Danza nº2, la Oriental: me sorprendió tanto que busqué su biografía y lo que leí me estremeció. La muerte nos alcanza a todos, sin embargo, el modo en que murió, al lanzarse al mar sin saber nadar para salvar a su mujer después de que un submarino alemán torpedeara su barco, vuelve su música un testimonio aún más valioso por lo que dice de él, de la forma en que vivía, y por tanto, cómo creaba.
–¿Qué pregunta cree que se hará el lector tras cerrar las páginas de 'Última escala'?
–Espero que se haga muchas. ¿Habría saltado yo del barco en una situación similar? Es fácil comprender por qué lo hizo, pero todas las decisiones previas que lo llevaron hasta ese instante definitivo no son tan sencillas de entender. Y ahí es donde surgen las preguntas. Las vidas ajenas son un espejo en el que nos miramos, pero ante el espejo de Granados no es fácil sacar conclusiones de qué está bien o qué está mal cuando tienes que elegir entre la vida o el arte, las facturas o la fama, el genio o el padre.