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Una sartén encendida origina un incendio que causa daños en una vivienda de Logrosán3Foto© larazon.es

Una sartén encendida origina un incendio que causa daños en una vivienda de Logrosán

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Equiparar gentilicios con cualidades y atributos no es científico, pero es costumbre popular. Al colegio de Meis (Pontevedra) llegó en los años 60 un maestro de Cáceres de poca estatura. Sus compañeros lo apodaron cacereño y el conserje, hombre de pocas luces, entendió que cacereño era sinónimo de bajito.

Desde entonces, en esta valleinclanesca comarca de O Salnés, un hombre bajo es un cacereño al igual que, según me confesó un colega periodista y donostiarra, en su entorno, a raíz de la publicación en 1969 de la novela 'Cacereño' de Raúl Guerra Garrido, el gentilicio se usaba como sinónimo de maketo acaparador de calamidades.

Con ese sentido, Carmen Machi aparece como cacereña en 'Ocho apellidos vascos'.

Actualmente, la cacereña de moda en España es María Guardiola, que ni es bajita, ni es maketa y empezó siendo tan irreductible como mi suegra, para luego ir perdiendo fuelle ante Abascal, a quien mi mamá política, siempre certera, califica como «un gallino Pepe» por chulito y baladrón. Tras las concesiones de la cacereña ante el gallino, mi suegra ha sentenciado con otro símil sin piedad: «Guardiola tiene poco aguante, ha caído como un higo pelotudo».