1Video© canarias7.esPodcast | El impacto de la victoria de Abelardo de la Espriella
Hoy, ese niño que asimiló desde muy temprano la fragilidad de un entorno donde se desayunaba sin saber si habría cena, se ha convertido en un titán de planta imponente que sostiene el centro del campo de Bélgica. El destino, siempre caprichoso en el fútbol de selecciones, ha querido que los dieciseisavos de final del Mundial de 2026 crucen los caminos de los Diablos Rojos y de Senegal (22.00). Y para Onana, el partido es un espejo que le devuelve el reflejo de sus dos identidades.
El caso de Amadou Onana es un capítulo más de la profunda transformación demográfica y cultural que ha definido al fútbol belga en las últimas dos décadas. La selección que dirige Rudi García es el resultado de un proceso de adopción, mestizaje y asimilación que arrancó a principios de siglo. Figuras como Romelu Lukaku –cuyo padre defendió a la República Democrática del Congo (en aquel momento Zaire) antes de que su hijo se convirtiera en el máximo goleador histórico de los Red Devils– o Youri Tielemans abrieron un camino en el que el desarraigo mutó en pertenencia.
Bélgica aprendió a nutrirse de la riqueza de sus flujos migratorios, construyendo una identidad futbolística rica y diversa. En la actual plantilla, nombres como Lois Openda o el propio Onana encarnan esta realidad. Onana llegó a Bruselas con once años para reunirse con su padre.