© canarias7.esLo que esconde la letra pequeña de las marcas blancas del súper
La elección, para muchos hogares, también ha cambiado. La marca del supermercado ya no entra en la cesta solo como solución barata, sino como opción habitual. A veces por precio; otras, porque el producto convence o porque la cadena ha conseguido algo que antes parecía reservado a los fabricantes: confianza. La mayoría de los consumidores, sin embargo, sigue sin mirar un detalle clave del envase: quién lo fabrica.
La pista puede estar en una pizza de Hacendado hecha por Casa Tarradellas, en una pasta de Mercadona elaborada por Gallo o en un detergente producido por una compañía que también trabaja para multinacionales del sector. La parte menos visible está en la letra pequeña. Muchas marcas de distribuidor no salen de empresas desconocidas, sino de grandes grupos alimentarios, algunos con nombres familiares para cualquier comprador. La antigua marca blanca no solo ha ganado espacio: ha incorporado a parte de la industria que antes parecía estar enfrente.
Ese cambio ayuda a explicar por qué el avance de la marca del distribuidor ya no es una cuestión menor para las compañías de toda la vida. Cuando Nestlé anunció un recorte mundial de plantilla -16.000 empleos hasta 2027-, la multinacional suiza señaló una causa que el sector lleva tiempo observando con inquietud: la pérdida de ventas frente a la marca del distribuidor.