© lavanguardia.comLa guerra en Irán y la crisis del queroseno abocan a España a un turismo más 'low cost'
La combustión del queroseno produce un efecto visual en los aeropuertos. Lo habremos observado en más de una ocasión: se produce una extraña vibración del aire, la luz refracta, las imágenes tiemblan, el entorno parece inflamable y el horizonte no se distingue muy bien. Algo parecido ocurre en una carretera recta en plena canícula.
El aire tiembla a ras de suelo y parece que haya charcos en el asfalto. La carretera absorbe mucha radiación solar, calienta la capa de aire más próxima, que se vuelve menos densa que la superior. Al atravesar capas de aire de distinta densidad, la luz se curva y esa refracción engaña al cerebro humano que cree ver charcos en el asfalto. En los aeropuertos pasa algo parecido con el queroseno.
Cuando los motores de un avión están encendidos expulsan un vapor muy caliente, menos denso que el aire, que provoca la refracción de la luz. Si la jornada es calurosa, el calentamiento de las pistas hace que el efecto óptico sea aún más intenso.