© canarias7.esCuando el miedo tiene tanto poder como los proyectiles
Para alguien de a pie que no entiende de conflictos bélicos, como la firmante de estas líneas, fue sorprendente ser testigo de la capacidad de reacción de un país que siempre ha sido neutral ante los conflictos internacionales, algo así como la Suiza de Oriente Medio. Quizá por eso la sorpresa de verse envueltos en una escalada bélica como la actual, con alertas enviadas a los móviles cerca de la madrugada del domingo, ha sido desconcertante.
Cuando todo comenzó, el pasado sábado, estaba camino de Ras Al Khaimah con mi familia. Allí, en el emirato más cercano a la costa iraní, nada hacía presagiar lo que se avecinaba. Ni sonidos de explosiones, ni ninguna situación anormal de la que, de no ser por los numerosos chats de hispanohablantes del país, ni nos hubiésemos enterado.
El regreso a casa, en Dubái Hills, un barrio a 20 minutos de Downtown, donde se alza el edificio más alto del mundo, estuvo amenizado por docenas de mensajes y llamadas de familiares y amigos para verificar que nos encontrábamos bien porque las noticias no eran nada alentadoras.