© ideal.esCalor, un desalojo y 355 fuegos artificiales por segundo; así fue el 4 de julio en Washington
Trump quiere esculpir su rostro en el monte Rushmore junto a los de George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln. Ante tamaña demostración de inmodestia, no resultó extraño que desplegase un espectáculo pirotécnico tan tenaz que el aire de Washington no recuperó sus niveles normales hasta la mañana de este domingo.
A distancia, el espectáculo fue una delicia de armonía y de colores. Quienes lo presenciaron en primera fila afirman que sintieron retumbar sus cuerpos más que en un concierto de Rammstein. «El mayor espectáculo de la historia» que prometió el presidente estadounidense detonó 355 piezas por segundo, unas 21.250 en cada uno de sus 40 minutos de duración. El suelo tembló.
La capital le robó a Nueva Yok el calificativo de la ciudad que nunca duerme. El despliegue de fuegos, bandas de música y desfiles devino en un juego constante de impactantes sensaciones que debió despertar al mismísimo Thor.