© hoy.esUn grito que silencia el mundo
El lugar está custodiado por policías locales y guardias civiles que impiden el paso más allá de la zona donde estamos los periodistas, un espacio precintado que acaba de sumirse en el más denso de los silencios ante ese grito lejano que nos ha congelado la sangre. «¡Por qué, por qué, por qué!». Ese «por qué» estalla en los oídos.
No hace falta saber más. El grito es de una mujer a la que acaban de informar que han encontrado muerto, posiblemente a su hijo, en uno de los vagones del Alvia. No será el primero del día y tampoco el último porque la información llega con cuentagotas, pero nunca son buenas noticias... O sí, «porque acabar con la incertidumbre y la duda alivia». Lo dice Fran Vicente, almeriense de 49 años, y uno de los psicólogos que Cruz Roja ha desplegado en el interior de ese templo del dolor, de esa última estación del calvario, que es el Centro Cívico Poniente Sur de Córdoba.
Vicente, curtido en mil batallas (formó parte de los equipos de atención psicológica en el accidente de Spanair, el terremoto de Lorca o en la dana de Valencia) lleva casi 40 horas seguidas enfrentándose a situaciones límite. En este tiempo han atendido a unos 300 allegados de víctimas del accidente que aún no han podido ser identificadas, algunas en la morgue otras aún en el interior de los vagones siniestrados en Adamuz. En concreto, este martes al mediodía hay en el interior personas de hasta 41 familias distintas esperando noticias.