© canarias7.esTrump llega a China para una cumbre bilateral que será clave para el mundo
China ya no es una fuerza emergente que trata de recortar distancias sin demasiada fricción, sino una superpotencia que interpela a Estados Unidos de tú a tú. En ese diálogo, pese a su verborrea y empellones, Trump genera una simpatía transversal.
En parte, por el ejercicio desnudo y desenfadado del poder en un lugar donde este todavía se expresa en gramática imperial, esto es, desde una distancia solemne e omnipotente. «Me gusta mucho Trump, es muy divertido lo que dice», apunta la señora Zhang, una anciana pekinesa que se confiesa fascinada ante el despliegue de su comitiva.
Pero la indulgencia responde, por encima de todo, a que las élites chinas le consideran un elemento esencial de esa evolución, tan favorable a sus intereses. El pasado mes de enero, el Instituto Chongyang de Estudios Financieros, dependiente de la Universidad Renmin, publicaba un informe titulado «Gracias, Trump». Este presentaba al estadounidense como un «acelerador de la decadencia política de Estados Unidos».