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No puedo entender los motivos que pueden llevar a realizar actos vandálicos como pintar sobre la fachada del Teatro Arriaga. ¿Por hacer una gracia? Creo que, cuando hemos visto estos grafitis, la mayoría indescifrables, que dañan a uno de los edificios más emblemáticos de Bilbao, que, por cierto, está catalogado como monumento histórico de especial protección, a nadie nos ha resultado gracioso.
Ni siquiera tienen el más mínimo interés artístico, son garabatos y firmas realizados por gamberros. No es la primera vez que vandalizan esta fachada, el terrorismo cultural sale caro a los bilbainos y bilbainas y se repite prácticamente cada Aste Nagusia. Ocurre en muchas ciudades sin que nadie sepa cómo atajarlo.
Grafitis, pintadas, rotura de sillares y piedra antigua, destrozos en cuadros y esculturas… Todavía recuerdo cuando hace algunos años a alguien se le ocurrió maquillar la cara a la escultura de la fachada románica de la Catedral de Santiago de Compostela (siglo XII) como un cantante más del grupo Kiss.