© hoy.esLa Guardia Civil hace la autopsia a los coches calcinados para intentar identificar a las víctimas
Es el desgarrador retrato de una catástrofe que ha dejado la zona reducida a carbón y a un silencio solo roto por las alarmas de los efectivos que trabajan en la extinción. Cada rincón, bajo un calor agobiante esta mañana de sábado, refleja la violencia de la catástrofe. El paso del fuego ha borrado cualquier rasgo de vida habitual. La tragedia se extiende por un terreno arrasado donde la prioridad es esclarecer los hechos, dar respuesta a las familias y vecinos afectados y avanzar en las complejas labores de identificación que mantienen en vilo a miles de personas.
El fuego originado el jueves por la tarde en la localidad de Los Gallardos ha quemado ya más de 6.000 hectáreas, además del coste irremediable de las existencias segadas. El paisaje al noroeste de este municipio, en la zona de Bédar, es desolador. Las llamas y las cenizas tiñen ahora el espacio que antes ocupaba la vegetación. Las casas se han quedado desérticas.
Puertas abiertas, coches y motos dejados a su suerte. Prueba de que los vecinos salieron a la carrera ante el horror de las llamas. La peor parte ahora está en en esta localidad, donde todos los vecinos han sido desalojados y los equipos de emergencias centran las tareas de extinción.