7Foto© elmundo.esLa enésima obra de arte del 10 ante Cabo Verde
Messi y Cabo Verde son todo lo que está bien en el fútbol. El primero es el mejor jugador de la historia, quienes sostienen lo contrario son quienes deben aportar las pruebas. El segundo representa el cambio de rumbo del deporte más popular del planeta, que seguirá siéndolo durante milenios, por mucho que un microchip decida algún día qué tipo de peinado debe ser reglamentario en Croacia. Messi es de Cabo Verde y en Cabo Verde hay un Messi en cada partido. Un jugador llamado a hacer historia desde los márgenes, como hicieron Vozinha y después Sidny Lopes Cabral.
Son solo dos nombres de una nómina maravillosa que será recordada con el paso de los años. Nos acordaremos de aquel portero cuarentón que merecería una retirada dorada en Arabia Saudí. Y del soldado de Mourinho al que le cayó de todo por cambiarse la camiseta con Vinicius en pleno caso Prestianni, cuando todavía jugaba en el Benfica.
Su parábola para llevar a la campeona del mundo al límite debería estudiarse como uno de los mejores ejemplos del poder transformador del fútbol. Sidny, un muchacho que transitaba por la tercera división alemana sin imaginar que acabaría escribiendo una página en la historia de los Mundiales.