3Foto© ideal.esConciertos y visitas gratuitas marcan el Día de los Museos
La ronda de noche, de Rembrandt, es, sin duda, una de las joyas que acoge el Rijksmuseum de Ámsterdam. Impone el cuadro de gran tamaño, ante el que se puede permanecer horas y seguir descubriendo nuevos detalles. Una vez admirado, parece que todo lo demás que pueda ofrecer ese espacio museístico lo tendrá difícil para superar esa impresión.
Pero el arte te cautiva por millones de razones diferentes. A escasos metros aparece La Lechera, de Vermeer, una obra mucho más pequeña, retratando una escena cotidiana, lejos de relatos grandiosos. Pero fue a través de la luz que entra por la ventana, resaltando esa cocina llena de objetos sencillos, cuando sentí el latigazo de un flechazo. Me enamoré de ese cuadro. Supongo que de eso va el arte.
De tener la capacidad de remover a quien lo observa. De transportar a sensaciones que mantienen el hechizo más allá del momento del descubrimiento. Eso es impagable. Como tener la posibilidad de admirar artistas, de hace siglos o contemporáneos, que retratan épocas y momentos de maneras diferentes y que crean universos únicos bajo miradas que ni sabíamos que podían ser.